Azúcar vs edulcorantes
Consumimos el doble de azúcar que necesitamos y usamos los edulcorantes como reemplazo barato y libre de culpa. El uso seguro de los dos productos está muy lejos de ser así.
En Argentina, la Encuesta Nacional de Nutrición y Salud demostró que muchos niños están ingiriendo más calorías de las que necesitan, y eso se ve reflejado luego en su peso. Se recomienda a niños entre los 6 meses a los 2 años consumir hasta un 12% de las calorías diarias en forma de azúcar, pero en la encuesta se observó que ingerían un 18%. La recomendación para mujeres entre 10 y 49 años es que utilicen hasta el 9% del total de su ingreso calórico como azúcar, pero en la práctica consumen, en promedio, un 19%. Esto quiere decir que aquí se está consumiendo el doble de azúcar de lo necesario.
Por otra parte, las góndolas de los supermercados, kioscos y almacenes rebosan de productos light: yogures, gaseosas, alfajores, postres son algunos de los que recurren al sustituto del azúcar, el edulcorante. Y los consumimos, alternándolos con los que tienen azúcar. Conviven en nuestras heladeras, en nuestras alacenas y nuestro menú diario.
Aspartamo, sacarina, son palabras que conocemos muy bien, igual que las consecuencias del exceso de azúcar: Obesidad y diabetes. Pero ¿es la solución consumir un poco de cada uno entre azúcar y edulcorante, como para balancear? ¿O simplemente, amparadas en el edulcorante que le ponemos al café nos comemos más tranquilas la torta de chocolate?
Hay muchas verdades a medias en nuestra mente. Ni el azúcar es inocuo, ni es un demonio; ni los edulcorantes son la solución a todo, ni tienen la culpa del cáncer.
Para echar un poco de luz sobre este tema es que recientemente se realizó una conferencia en la Asociación Médica Argentina, donde especialistas extranjeros y nacionales debatieron sobre el programa "Azúcar y edulcorantes: su rol en nuestras vidas". La idea clave de este programa es reconocer que comer, beber y hacer ejercicio son comportamientos que pueden ser mejorados.
Ese sabor de la infancia
La preferencia por los alimentos dulces comienza en el nacimiento, cuando los bebés empiezan a tomar leche materna. Los chicos adoran lo dulce y les disgusta lo amargo.
Cuando ya son más grandes, la preferencia por lo dulce comienza a disminuir, si bien cuando buscamos gratificaciones es habitual que retornemos a este tipo de alimentos buscando "amparo".
Además hay una razón biológica para esta preferencia: casi toda la energía que consume el cuerpo proviene de los hidratos de carbono. El organismo utiliza glucosa como combustible.
Pero ¡cuidado!: se debe recordar que el exceso en el consumo de algunos azúcares, combinado con falta de higiene bucal, está vinculado con el aumento de caries dentales.
La dulzura contribuye al placer que se siente al comer y beber. Y cuando se deben hacer modificaciones en la dieta (como por ejemplo si se quiere bajar de peso), esa preferencia por lo dulce puede modificarse pero no puede ser suprimida.
Una persona no puede "olvidar" que le encantan los dulces. De allí que las dietas que "prohiben" todo lo que le gusta a la gente, sin dar alternativas ricas, terminan siendo abandonadas por quienes intentan cumplirlas. Además, no olvidemos que somos humanos, y que cuando se nos prohibe algo suele suceder que nuestro deseo aumente…
Lo ideal, entonces, sería que tanto los nutricionistas como las empresas elaboradoras de alimentos encuentren un punto intermedio entre la buena nutrición y los placeres de la comida, para que se pueda estar sano y comer rico al mismo tiempo.
El deseo por comer dulces también se satisface con alimentos endulzados con edulcorantes sintéticos, por lo tanto ¡la única opción para sacarse las ganas de comer cosas dulces no son las golosinas! Usted puede "calmarse" con una porción de alguna rica torta de bajas calorías…
No le eches la culpa al cafecito
En los últimos 20 años se relacionó el consumo de azúcares con el aumento en el sobrepeso, obesidad y diabetes. Se le echó la culpa a la reducción en la actividad física en las escuelas, a la industria alimenticia, a las horas que los chicos pasan frente a la pantalla del televisor y de la computadora, a la inseguridad, etc.
La obesidad es la consecuencia de un exceso de calorías. El manejo del peso es el resultado de un equilibrio calórico, es por eso que cuando una persona come más calorías que las que gasta, aumenta de peso.
Pero tampoco se le pueden echar todas las culpas al azúcar del cafecito. Todas las calorías cuentan a la hora de aumentar de peso, no sólo las de los dulces. Se puede engordar aunque no se consuma azúcar. ¿Cuántas personas que "viven a dieta" aumentan de peso por comer demasiado queso, demasiados fiambres o galletitas de agua? Nunca un solo alimento es la causa de un trastorno de salud.
La digestión y el metabolismo humano no diferencian los azúcares que se encuentran naturalmente en los alimentos de aquellos que se les agregan. Todos los azúcares aportan 4 calorías por cada gramo. Por lo tanto, una persona podría endulzar algunas de sus infusiones con azúcar y no por ello estaría condenada a ser obesa, siempre que haga una dieta balanceada y que se mueva lo suficiente. Porque pretender estar delgada comiendo galletitas dulces frente al televisor todo el día es imposible…
Es habitual asociar lo light con "algo que hace adelgazar" y por eso se consumen en forma descontrolada postrecitos y barritas porque "total no engorda"… El problema, además, es que la ingesta exagerada de estos productos ha desplazado a las frutas, que además de ser más nutritivas son, en general, más económicas.
Soluciones con sabor
La Asociación Americana de Dietistas ( Estados Unidos) sugiere que las personas puedan tener la chance de agregar una cierta cantidad de calorías extras a la alimentación aconsejada (a base de lácteos y carnes reducidos en grasas, vegetales, frutas, cereales integrales) con alimentos un poco más calóricos, para que puedan darse algunos gustitos.
Se llaman "calorías discrecionales" y podrán ser más si se es más "gastador", es decir, si se hace más actividad física. Así se podrá elegir un día agregar alguna golosina o un queso más calórico en lugar del light habitual. Es una elección individual y una excelente propuesta para imitar en nuestro país, evitando prohibir alimentos y prefiriendo, en cambio, enseñar a elegir con más criterio lo que comemos y cuánto debemos movernos.
Lo ideal es comenzar a disfrutar los sabores dulces brindados por la naturaleza, como las frutas que están acompañadas por nutrientes saludables, y que se aprenda que las golosinas y la repostería no son los "cucos" absolutos, sino que se los puede consumir siempre que sea ocasionalmente y en relación directa con un aumento en la actividad física.
Tanto el azúcar como el edulcorante son positivos en la alimentación pero hay que cuidar que estén dentro de una ingesta diaria aceptable.
Lo importante es cambiar las prohibiciones en el menú por variantes que nos ayuden a comer rico y sano.
Fuentes: Oldways, Declaración del Consenso Científico sobre lo Dulce y los Endulzantes (Bruselas), Instituto de tecnología alimentaria (EEUU), Sociedad Argentina de Nutrición, Asociación Argentina de Dietistas y Nutricionistas Dietistas, Guías Alimentarias para la Población Infantil (Ministerio de Salud y Ambiente de la Nación).









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